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UN
POETA CON UN HIJO ASESINADO CONMOVIÓ A MÉXICO CON UNA
CARAVANA

Día
1 (4 de junio): DF-Cuernavaca-Morelia . Es
viernes, pega el sol y Javier Sicilia viste sombrero,
jeans y chaleco. Atiende a los medios poco antes de
emprender los 3.400 kilómetros que hay desde el DF a
Ciudad Juárez, siguiendo una macabra ruta de muertos y
lágrimas. 14 autobuses, 25 coches y 180 organizaciones
sociales le siguen. Hasta hace unos meses Sicilia era un
intelectual más, dedicado a sus libros y sus clases en
la universidad. Un poeta relativamente conocido y
comprometido pero sin más activismo que sus columnas en
el diario La Jornada y la revista Proceso . Hoy se ha
convertido en la voz más contundente contra “la guerra
de Calderón”. Es la piedra en el zapato en la recta
final de un sangriento mandato que acumula 40.000
muertos en cinco años. La caravana sale hacia
Cuernavaca. Las autoridades dicen que el 90% de las
víctimas están relacionadas con el crimen organizado.
Pero nadie se fía de las cifras y el número de inocentes
no deja de crecer. Y cada vez mueren más niños, más
adolescentes, más emigrantes y más gente como su hijo
José Javier, que apareció atado, torturado y con un tiro
en la cabeza en el baúl de un auto en Cuernavaca.
Día 2: Morelia (Michoacán)-Zacatecas . De Morelos
a la verde Michoacán, tierra natal del presidente Felipe
Calderón. Aquí el ‘narco’ controla policías, jueces,
políticos y hasta la piratería. Aquí fue donde por
primera vez se desplegó el ejército para hacer frente a
los cárteles. Cientos de personas esperan en las calles
para recordarle que aquí nació una guerra que no
pidieron. “Le exigimos que pare su guerra y que se
dedique a la única guerra que interesa a los mexicanos;
contra el hambre y por la educación”, se escucha desde
el atrio. En la radio se habla de un ataque con granadas
y metralletas en Tamaulipas. Dejó dos muertos.
Día 3: San Luis Potosí, Zacatecas . Doscientas
personas esperan en San Luis Potosí al poeta. Decepción
entre los visitantes que creían que habría más gente
pero sorpresa entre los lugareños que nunca habían
visto a tanta gente llorando junta. Los testimonios
sobre esposos que nunca volvieron del trabajo o sobre
hijos decapitados sobrecogen a hasta las piedras.
Sicilia insiste “hay peligro de estallido social en el
país”.
Al entrar en Zacatecas la policía refuerza la caravana
con varias patrullas más. “Aquí hay ojos por todos
lados, cada parte del territorio está controlada”,
explica un agente de la escolta. Ese día, no muy lejos
de ahí, son enterrados 226 cuerpos, 54 cadáveres sin
identificar, aparecidos en siete fosas distintas del
Estado de Durango. Nadie sabe de dónde salieron ni por
qué fueron ejecutados. No hay detenidos.
Día 4: Durango . Bajo un sol de justicia la
familia Rodríguez Flores espera al pie de la carretera.
El pequeño Francisco aguarda abrazado a un retrato de su
padre. Fernando Rodríguez apareció muerto hace tres
meses, enrollado en una alfombra y tirado en un
descampado. Así que, cuando Javier Sicilia descubre al
pequeño junto al arcén, detiene en seco el autobús y se
baja para abrazar al niño y llorar un buen rato junto a
él. Los periódicos recogen este día que ocho sicarios
fueron abatidos en un enfrentamiento con el ejército
cerca de la ciudad de Veracruz.
Día 5: Monterrey . En Monterrey esperan 1.000
personas. Entre ellos Otilio Cantú, cuyo hijo fue
asesinado por militares, quienes le pusieron un arma
para tratar de inculparlo ¿Cómo sacaron al Ejército a
las calles para una lucha de tal envergadura, sin medir
la fuerza del enemigo y la corrupción existente?”, se
pregunta. El miércoles 8 de junio, mientras la caravana
abandona la ciudad, dos hombres aparecen colgados del
puente de la Avenida Revolución.
Día 6 (11 junio): Chihuahua/Ciudad Juárez . En
Chihuahua y Ciudad Juárez, los dos puntos más
sangrientos del país más sangriento, se desbordan las
emociones. Más víctimas, más casos de impunidad y más
madres desconsoladas. Todos los medios siguen ahora el
punto y final de un movimiento que reclama la salida del
Ejército de las calles, la eliminación del fuero militar
y reconocer la situación económica como la raíz del
crimen.
“Hemos roto el miedo pero lo que vimos es un país de
víctimas. Ojala el presidente oyera los relatos. Le
llevaré un CD para que escuche,” explica Sicilia a los
medios de prensa. “Que vea la impunidad que hay, que vea
que el crimen está también en el Estado, para que
sensibilice su corazón y vea que su estrategia es
demasiado puritana y agresiva y que no es una buena para
rehacer el país”, dice Sicilia en entrevista a Proceso .
“Esperaba ver dolor pero no hasta este grado”.
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